“Ofertazos” y Política Tributaria

28 de octubre de 2013

En el contexto de la campaña electoral para las próximas elecciones presidenciales, Luis Ignacio Vergara, asociado de M&B experto en materia tributaria, escribe una interesante columna de opinión en El Mercurio Legal, sobre la propuesta de modificaciones a la actual normativa tributaria.

Una de las herramientas más utilizadas en la campaña presidencial en curso ha sido la propuesta de modificaciones a la actual normativa tributaria. Sin embargo, resulta preocupante la propuesta de Michelle Bachelet, tendiente a aumentar la tasa del Impuesto de Primera Categoría, eliminar el FUT y aumentar la tasa máxima del Impuesto de Timbres y Estampillas.

Un alza en el impuesto a la renta aplicable a las empresas podría generar un efecto negativo en la inversión y el empleo, incentivando por lo demás la elusión y la evasión. Lo anterior es más peligroso aún tratándose de mipymes, que son las principales creadoras de empleo en Chile, dado que no existen todavía en la propuesta comentada medidas claras que tiendan a disminuir los efectos nocivos para estas empresas, como podría ser por ejemplo la existencia de tasas diferenciadas para el Impuesto de Primera Categoría.

Asimismo, la eliminación del FUT se basa en un supuesto de hecho que es erróneo, cual es que éste supondría la acumulación de riquezas en la caja de las empresas, en circunstancias que en la práctica dichos dineros, que ya tributaron con el Impuesto de Primera Categoría, son invertidos en los proyectos de las mismas, con lo cual se generan a su vez más rentas afectas a impuestos y nuevos empleos. Esto ocurre principalmente en las mipymes, las cuales al tener un bajo acceso al financiamiento dependen incluso más de su flujo de utilidades para financiar, por ejemplo, su capital de trabajo.

Si bien la creación del FUT en 1984 obedeció a un contexto económico diferente al actual, ha demostrado ser un mecanismo que efectivamente incentiva la inversión, el ahorro y el crecimiento, objetivos claramente deseables también hoy en día. En consecuencia, en vez de simplemente eliminar el FUT parecería más razonable perfeccionarlo, o bien mejorar los medios de fiscalización, si lo que se busca es evitar la existencia de empresas cuyo único objetivo sea diferir la tributación final de sus propietarios.

En este sentido, sería mejor, por ejemplo, proponer a nivel local medidas basadas en los principios de las Controlled Foreign Companies Rules, que han resuelto un problema similar en las legislaciones comparadas. Así, se podría proponer un distingo entre las rentas activas y pasivas obtenidas por ciertas sociedades, aplicando sólo respecto de estas últimas un sistema de tributación con impuestos finales que opere sobre base devengada. De esta forma, se podrían atacar los problemas específicos que genera el actual régimen, sin perjudicar a las empresas que efectivamente puedan necesitar invertir su flujo de FUT en capital de trabajo.

La eliminación del FUT parece una medida desproporcionada y podría terminar incentivando el gasto en vez de la reinversión por parte de las empresas y sus dueños, con el consecuente efecto en el crecimiento económico y el empleo. Al respecto, la depreciación instantánea que se ha propuesto para disminuir estas consecuencias parece, al menos, insuficiente.

El aumento al doble de la tasa del Impuesto de Timbres y Estampillas generaría un encarecimiento del acceso al crédito, lo cual como es obvio afectaría principalmente a los sectores de menores ingresos. Además, se entrabaría el cambio de una institución financiera a otra de las personas que mantienen deudas, en un mercado donde precisamente es necesario generar mayor competencia y propiciar la libertad de elección de los consumidores, en orden a incrementar la calidad de los servicios y evitar abusos.

Incluso asumiendo que los recursos adicionales que se obtendrían con la reforma tributaria propuesta serían utilizados eficientemente por el Estado, estas medidas parecen poco razonables, considerando que generan el riesgo de afectar la inversión, el ahorro, el crecimiento económico y el empleo. Se trata de modificaciones que más que atender a las consecuencias prácticas del actual sistema y de las medidas propuestas, revelan una visión sesgada sobre los empresarios y la riqueza. Así, esta propuesta refleja más bien una crítica al modelo económico que paradójicamente podría resultar en un régimen inequitativo y poco solidario, en especial, con los emprendedores más pequeños, quienes distan bastante de ser considerados “ricos”.

Los regímenes tributarios deben ser discutidos sin prejuicios y con una visión técnica y de largo plazo, basada en los efectos económicos y sociales que generan, no siendo recomendable que respondan a un simple eslogan tendiente a encantar al electorado, pues de ese modo se pueden afectar, al final del día, aspectos tan sensibles para la sociedad como son el crecimiento, el empleo, la estabilidad y la equidad.

En este sentido, no puede olvidarse que una mayor recaudación no se debe buscar simplemente elevando las tasas de impuestos, adelantando su pago o eliminando franquicias. El esfuerzo debe centrarse más bien en generar alternativas de inversión más eficientes y atractivas, mejorando también las existentes, con miras a propiciar un mayor crecimiento económico, lo cual no solamente le permite al Fisco recaudar más impuestos, sino que además es la base de la generación de empleo.

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